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Funcionando como en el Nuevo Testamento

I N T R O D U C C I Ó N

“No hay grandes victorias a precios de liquidación”

Gen. Dwight Eisenhower

Una de las características más notorias de la Iglesia del Nuevo Testamento fue su capacidad para cambiar, romper, desechar y crear nuevos paradigmas. Esto le permitió adaptarse a todas las culturas y las razas donde comenzaba a funcionar, desarrollándose más allá de cualquier limitación que le impusiera el medio que la rodeaba. Gobernantes políticos, militares, religiosos, intelectuales, comerciantes, religiosos o el común de la gente, eran impactados por ella. En sus comienzos, pertenecer a la Iglesia era una forma de distinción que dignificaba a todos aquellos que la integraban, marcando una clara diferencia con los que no pertenecían a sus filas.

A continuación, analizaremos el significado y el alcance de los paradigmas en nuestra vida, así como la manera en que éstos pueden limitar nuestra relación con la sociedad que nos rodea. Hay cuatro términos que parecen similares, pero que se complementan entre sí. Son: paradigmas, parálisis del paradigma, flexibilidad del paradigma y pioneros del paradigma. Comprenderlos le permitirá ver con claridad su situación actual y cómo puede quebrar la barrera que le impone una determinada y única manera de ver las cosas.

Antes de comenzar, veamos algunas definiciones importantes:

Paradigmas
Los paradigmas representan el parámetro a través del cual usted evaluará la realidad que lo rodea, afectando dramáticamente sus juicios y las decisiones que tome. Todas sus percepciones serán impactadas directamente por él. Si espera hacer un juicio acertado sobre la sociedad donde se desenvuelve, deberá ser capaz de reconocer sus paradigmas presentes y recién entonces estará listo para ir más allá de ellos.

Como puede ver, un paradigma es una espada de dos filos. Cuando la mueva en un sentido, cortará la información que está de acuerdo con él con toda precisión. Pero cuando la mueva en el sentido contrario, lo separará de todo aquello que se oponga a su paradigma. Éste lo programará para aceptar y ver mejor aquellas cosas para las cuales está predispuesto. Asimismo, verá poco o nada de aquellas situaciones que no encajen perfectamente dentro de su paradigma.

Veamos algunos puntos importantes sobre los paradigmas:

1. Los paradigmas son comunes 2. Los paradigmas son útiles 3. Los paradigmas son una advertencia
Estarán presentes en casi todos aspectos de su vida profesional, personal, espiritual o social. Más allá de todo lo que vimos con anterioridad, los paradigmas tienen su utilidad. Aunque éstos no le mostrarán qué es importante y qué no lo es, lo ayudarán a discernir los problemas importantes, para luego pensar en la manera de resolverlos. Los paradigmas enfocarán su atención sobre una situación determinada. El riesgo es que su paradigma pueda transformarse en “el único” paradigma (la única manera concebible para hacer algo). Cuando usted sea confrontado con una idea alternativa, tenderá a rechazarla de inmediato. Eso puede llevarlo a vivir en medio de un gran desorden

Parálisis del paradigma
Ese desorden es comúnmente llamado “parálisis del paradigma”. Ésta es una enfermedad terminal que puede llegar a afectarlo mortalmente y es una afección altamente contagiosa que ha llevado a más de una institución hacia su destrucción. Eso es exactamente lo que sucedió con una cantidad de empresas que quebraron a lo largo de la historia por insistir en producir cosas que la gente había dejado de consumir. Para aprender eso, una compañía de ferrocarril norteamericana tuvo que pagar un precio muy alto. A comienzos del siglo XX, esta empresa tenía los mejores estándares de administración y entregaba los mayores dividendos a sus accionistas. Cuando se les preguntaba a sus ejecutivos sobre la actividad que desarrollaban, decían con orgullo: “Estamos en el negocio del ferrocarril”.
Años más tarde, con la aparición del transporte aéreo de pasajeros, el ferrocarril llegó a ser un medio de transporte obsoleto y lento. Si los ejecutivos hubieran considerado el “negocio del transporte”, se habrían expandido hacia los aviones, helicópteros, barcos, buses, etc. Eso habría mantenido a la empresa vigente, conforme a los cambios que reclamaban los tiempos modernos. Pero como se dedicaron a expandir su negocio hacia la compra de carbón para alimentas sus locomotoras, fueron condenados irremediablemente a la quiebra. Haberse afincado de manera obstinada en un paradigma, determinó la extinción de la empresa.

Flexibilidad del paradigma
Las personas que crean los nuevos paradigmas, normalmente serán extraños. No formarán parte de la comunidad establecida dentro del paradigma. Estas personas pueden ser jóvenes o viejas, la edad no parece ser un factor determinante. Pero lo que sí es claro, es que no son tomadas en cuenta dentro del viejo paradigma, por eso no tienen nada que perder al crear uno nuevo. El statu quo no los afecta, por eso pueden tener la flexibilidad necesaria como para pensar en una nueva opción.

Esto tiene un significado muy especial. Si usted quiere encontrar los nuevos paradigmas que se están desarrollando en su campo de acción, deberá moverse más allá del centro y dirigirse hacia los límites. Allí fue donde comenzaron la compañía Apple, el movimiento de liberación femenina, Microsoft o Mc Donald´s. Todos ellos comenzaron por los límites y cosecharon el éxito tras haber realizado el intento.

Pioneros de paradigmas
Los que forman parte del paradigma antiguo y escogen cambiar hacia el nuevo paradigma en su desarrollo temprano, son llamados pioneros de paradigmas. Para ser uno de ellos deberá tener una gran iniciativa y animarse a ir un paso más allá. Como puede ver, la evidencia proporcionada por la nueva opción, no prueba que los demás decidirán tomar ese camino junto a usted.

Thomas Kuhn describió esta situación de la siguiente manera:

“La persona que abraza un nuevo paradigma en una fase temprana, deberá hacerlo desafiando la evidencia proporcionada por las soluciones habituales al problema. Es decir, tiene fe que el nuevo paradigma tendrá éxito aunque deba confrontar grandes problemas. Por otro lado, ya sabe en qué circunstancias el paradigma antiguo ha fallado. Una decisión de este tipo sólo puede tomarse en fe”

La marca de un verdadero pionero de paradigmas es el gran valor y la confianza que tiene en su propio juicio.

Usted escoge cambiar sus reglas y sus normas
Los seres humanos no están genéticamente codificados para ver el mundo de una sola manera. Usted puede escoger despedirse de un paradigma y adoptar otro nuevo cuando le parezca, la decisión de ver el mundo de otra manera siempre será suya.

Para desafiarlo a flexibilizar sus paradigmas, sería bueno hacerle una pregunta sobre el cambio de paradigma:

“¿Qué es imposible de hacer en su presente,
pero que en caso de poder hacerlo, cambiaría
fundamentalmente su manera de hacer las cosas?”

Piense en esta pregunta varias veces, haciéndola extensiva a todas las áreas de su vida personal y ministerial. Las respuestas a esa pregunta lo llevarán hacia los límites de su paradigma. Una vez que usted haya llegado allí, estará listo para recibir al próximo paradigma.

Su desafío es provocar que suceda y estar listo para ser un pionero.

Genética de pioneros
La Iglesia fue pionera en romper paradigmas desde su nacimiento y en sólo tres siglos logró penetrar las raíces de la sociedad y sentar las bases para todos los cambios que tuvieron lugar en ese tiempo. A lo largo de toda la historia, podemos citar ejemplos de cristianos que se atrevieron a pagar el precio por cambiar paradigmas. Desde el apóstol Tomás, quien siendo un judío ortodoxo, tuvo la flexibilidad necesaria como para llegar a evangelizar a los paganos de la India, hasta hombres como John Amos Comenius, el fundador de la enseñanza pública en Europa, centrada sobre principios cristianos y el Conde Ludwig Von Zizendorf, quien fundó en Moravia una comunidad gobernada por la primera constitución de la historia, basada en principios cristianos.

La lista es extensa y cada día se alarga mucho más. Pero en todos los casos podemos ver el ejemplo en las vidas de líderes que decidieron dar un paso hacia adelante en sus tiempos y ser pioneros de un nuevo paradigma para la Iglesia.

El secreto del poder
¿Cuál era el poder tan tremendo que ejercía el cristianismo primitivo sobre sus seguidores, quienes no negaban su pertenencia a la Iglesia, aún ante la propia muerte? Precisamente, la adopción de un nuevo paradigma de vida que, a diferencia de todos los anteriores (y de todos los que aparecieron después), tenía el poder para transformar verdaderamente las vidas de todos aquellos que se unían a sus filas. Su presencia y su vigencia a lo largo de la historia, se basaban en este mismo concepto: los cristianos mantuvieron clara la Visión y la Misión que Jesucristo les había impartido en la tierra.

Rompiendo paradigmas
La Iglesia nació rompiendo con todos los paradigmas religiosos conocidos hasta ese entonces. Si ponemos atención al pasaje de Hechos 2: 1-13, podremos ver claramente esta situación:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto”
Veamos algunos de los paradigmas que se quebraron en esa mañana:

Paradigmas cambiados
1. Esperaban al Espíritu Santo Aunque no tenían la menor idea de qué se trataba, porque hasta ese momento nadie lo había visto
2. Los discípulos estaban unánimes Todos estaban en un aposento alto, no en un templo o sinagoga
3. Se manifestó la primera señal sobrenatural Un viento recio que llenó toda la casa donde estaban sentados (los judíos nunca oraban así).
4. Salieron corriendo a la calle Nadie se quedaría encerrado dentro de una habitación donde está soplando un tornado.
5. Se manifestó una segunda señal sobrenatural
Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos.
6. Se manifestó una tercera señal Fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, conforme a lo que habían recibido.
7. El fenómeno llamó la atención espontáneamente La multitud que se encontraba en la calle, se agolpó para ver qué pasaba sin que hicieran publicidad.
8. Se manifestó una cuarta señal Todos los oían hablar en sus propias lenguas nativas, aunque sabían que todos ellos eran galileos comunes.
9. Se quebraron barreras idiomáticas Las maravillas de Dios estaban al alcance de todas las naciones allí representadas (v. 11)
10. Muchos se preguntaban el significado de esa señal ¿Qué quiere decir esto? y otros se burlaron diciendo que estaban ebrios, pero para ninguno de los que fueron testigos de lo que pasó, ese evento pasó inadvertido

El nacimiento de la Iglesia quebró por lo menos diez paradigmas, solo en su primera hora de vida. El resto de los capítulos del libro de los Hechos nos relatan otra cantidad de paradigmas y preconceptos que se quebraban constantemente a medida que avanzaba la predicación del Evangelio. A nadie le importaban sus cargos, títulos nobiliarios, posición o status social, todos reconocían, sin discusión, la eficacia transformadora del mensaje de poder que impartían los discípulos de Jesucristo.

Cumplieron su misión
Hacia el Siglo III, la Iglesia había llegado a ser la organización más poderosa que existía en el mundo conocido, influyendo en las políticas de gobierno, las normas de administración y comercio, las doctrinas de guerra, la diplomacia, los valores de convivencia y toda estructura social. No existía área de la vida social de aquellos tiempos que no hubiera recibido la influencia directa del mensaje redentor del Evangelio de Jesucristo. Eso llevó al emperador Constantino a asumir una realidad tangible: Había perdido el control de todo el imperio. Como todo gobernante de aquella época, Constantino era más comerciante que político. La única forma que conseguiría retomar el poder que había perdido sobre el imperio era asociándose a la Iglesia. Para que esta sociedad pudiera sostenerse, uno de los dos poderes que pugnaban por el control (el político y el religioso), tendría que abandonar sus valores y adoptar el paradigma del otro.

Cedieron su paradigma de vida
Así sucedió y la Iglesia adoptó el paradigma de vida del imperio. El poder político comenzó a calar cada vez más profundo dentro de la Iglesia y poco a poco fue reemplazando el fundamento establecido por los apóstoles, para terminar adoptando los valores de vida del imperio. En ese mismo momento, la Iglesia relegó su capacidad para romper con los paradigmas de vida que eran contrarios a la voluntad de Dios. Eso la llevó a perder su capacidad de adaptación, transformándose en una entidad administrativa que aplicó el mismo paradigma a través de los siglos y en todas las culturas. Así, cada vez que los misioneros llegaban a algún sitio donde no había un testimonio previo del cristianismo, aplicaban el mismo sistema administrativo de la organización central.
Como consecuencia de ello, cada obra misionera era una copia exacta de la sede central. Desde el idioma de las misas, las vestiduras sacerdotales, los sacramentos, los templos, la liturgia y el lenguaje de las Escrituras, todos ellos constituían un paradigma de vida que era completamente ajeno a la cultura del pueblo que los recibía (aunque casi siempre fueron conquistados por la fuerza). Las murallas y los soldados que rodeaban los edificios de esas obras misioneras, solamente reflejaban las barreras que los separaban de las personas a quienes se suponía debían alcanzar con el mensaje del Evangelio.

Pervirtieron el Evangelio
Ese nuevo paradigma religioso, estático y rígido, alejó cada vez más a las personas de la posibilidad de alcanzar la redención por medio de la sangre de Jesucristo. Aquellos que no confesaran la fe de la Iglesia, eran sometidos por el ejército que acompañaba a los misioneros. Así surgió el concepto de la explotación económica de las misiones para solventar los gastos de las obras faraónicas que la Iglesia edificaba en Europa, el estilo de vida de las autoridades clericales y las guerras para incrementar su poder. El sometimiento de todos aquellos que no practicaran el credo de la religión imperante en ese tiempo era la norma. Millones de indígenas fueron reducidos moralmente, privados de su identidad, despojados de sus tierras y tratados como animales de carga. El mundo no cristiano identificaba a la Iglesia con el conquistador y al mensaje de la cruz con la peor desgracia que podía llegar a pasarles. El paradigma reinante en ese tiempo era la conversión al credo de la Iglesia y no al Evangelio de Jesucristo.

Se quiebra otro paradigma: La Reforma
Con el correr del tiempo, la apertura que comenzó a ocurrir luego de la Reforma, trajo un nuevo aire a la Iglesia. Los reformadores habían cambiado el paradigma religioso sobre el cual la Iglesia había sustentado la “evangelización” (concepto muchas veces pervertido) por siglos. El justo era salvo por medio de la Fe en Jesucristo y no por practicar el credo de la Iglesia. ¿Fue esta la concepción de la Iglesia que los apóstoles recibieron de Jesucristo antes de su ascensión? Por supuesto que no, pero esa concepción tradicional del Evangelio permanece hasta nuestros días, adoptando muchas formas diferentes.

Las misiones modernas
En los Siglos XIX y XX, muchos misioneros salieron de las tierras del Norte para llevar el mensaje del Evangelio hacia culturas que no habían tenido un testimonio claro de Jesucristo. Partían con un idioma ajeno a la cultura anfitriona, vivían aislados de las personas (en sus pequeños palacios de cristal) y llevaban una carpeta de actividades que debían implementar (gestadas en las oficinas centrales de la agencia misionera que los enviaba). Una vez más, el paradigma que emplearon levantó una barrera que los separó del pueblo, ocultando el verdadero Evangelio detrás de una liturgia ajena a la cultura que los recibía. La mayoría de los misioneros volvían a sus países frustrados por los magros resultados obtenidos o medianamente satisfechos luego de aplicar las “recetas misioneras” que llevaban en sus maletines. Muchos de ellos asumían las misiones como si fueran oficiales administrativos de alguna transnacional: se limitaban a cumplir. Por supuesto que hubo muchas excepciones, pero la regla era esa.

El Evangelio y la dominación
En la época de las colonias, se identificaba a los misioneros con la conquista, las masacres, el sometimiento, las sotanas y las reducciones (centros de producción). En el Siglo XX se identificaba a los misioneros con el pelo rubio, los ojos claros, los trajes elegantes, hablar con acento anglo sajón y por vivir ajenos a la cultura que los rodeaba. ¿Había cambiado el paradigma que guiaba a las misiones? En parte, porque ya no se “evangelizaba” a los pueblos por medio de las armas y la tortura. Pero la actitud no era muy diferente. Las barreras que separaban a las misiones de la gente eran las mismas, pero bajo una moda diferente.

Como los misioneros anglo-americanos no tenían problemas económicos para vivir en sus países de destino, no enseñaban sobre el poder que los diezmos y las ofrendas tienen para sacarnos de la estrechez financiera. Confiaban en el poder económico de la nación que los enviaba, así que no necesitaban enseñar sobre la siembra y la cosecha, como tampoco lo hacían sobre el poder de Dios para sanar y libertar. Habían crecido en un medio donde los enfermos iban a los hospitales y las personas atormentadas visitaban a un psiquiatra que los trataba con diferentes medicamentos y terapias. El paradigma misionero se resumía a cumplir con un programa de tareas y actividades, en un determinado período de tiempo. Cuando uno o el otro se cumplía, eran trasladados hacia otro destino, más allá de la cantidad de almas que hubieran llegado a los pies de Jesucristo.

Nuestro peor enemigo: un mensaje fuera de contexto
El mensaje descontextualizado es uno de los peores enemigos que tiene el Evangelio. Todos los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Uno de los significados de la palabra imagen es “representar” y de la palabra semejanza es “idea de…”. ¿Cómo es posible que alguien que ha sido creado como una idea de Dios para ser su representante en la Tierra, rechace el llamado de Aquel que lo creó? La respuesta es simple: el hombre no rechaza a Dios porque fue diseñado para tener comunión con Él, simplemente rechaza nuestro “mensaje”. El envase dentro del cual “encapsulamos” a Jesucristo está determinado por nuestro paradigma de vida.

El éxito de la Iglesia en sus primeros comienzos, se debía a su capacidad para flexibilizarse y adaptarse a las necesidades reales de las personas. El Evangelio no era teórico, sino real y práctico. Como aquellos que lo practicaban tenían resultados poderosos en sus vidas, la gente llegaba a la Iglesia después de haber recibido un testimonio directo del poder y del amor de Jesucristo. Cuando la Iglesia abandonó esa capacidad que le permitía ser una solución real para los problemas de la sociedad que la rodeaba, se limitó a ser una solución únicamente para los cristianos.

Volviendo al origen
¿Por qué mencionamos tanto la palabra “paradigma”? Precisamente porque esta palabra es la que envuelve al mensaje que predicamos. A menos que la Iglesia en su totalidad vuelva a recuperar su capacidad para quebrar, desechar, reemplazar y cambiar paradigmas, continuará viviendo un estilo de vida rígido y predicando un Evangelio aislado de las necesidades del mundo que la rodea. A partir de la segunda mitad del Siglo XX, comenzaron a surgir movimientos que rompieron con los paradigmas de la Iglesia tradicional. Los evangelistas predicaban en congregaciones católicas, en sinagogas judías y en ámbitos donde los tradicionalistas no se atrevían a entrar, pero que el Señor había señalado como objetivos. Como fue el caso de Katryn Khulman.

Otro ejemplo claro de esto fue el llamado “avivamiento de Jesús”, que tuvo lugar desde la mitad de la década de los sesenta hasta la mitad de los setenta. Cientos de miles de integrantes del movimiento hippie se convirtieron a Cristo, solo porque los predicadores usaban el pelo largo, cargaban medallones con el símbolo de la paz y se vestían con ropas de jean. Definitivamente, el Señor tenía una perspectiva completamente diferente sobre esta gente que la asumida por la Iglesia tradicional.

Soluciones alternativas
¿Por qué surgieron los movimientos para-eclesiásticos? Simplemente porque el paradigma evangélico excluía de las filas de la Iglesia a aquellos que “salían de la normalidad”. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). Pero el liderazgo evangélico tradicional los hacía descansar fuera de las congregaciones, donde no le causaran ninguna complicación a la feligresía habitual. El ejemplo que nos dejó Jesucristo fue completamente opuesto. Cada vez que los discípulos se adaptaban a algún paradigma ministerial, el Señor se los cambiaba por otro. Tocaba a las mujeres con flujo de sangre, a los leprosos, sanaba enfermos en el día de reposo, hablaba con las mujeres adúlteras, rescataba a las prostitutas del castigo de los fariseos y resucitaba a los muertos. Encima de todo eso, permitió que lo subieran a una Cruz y después de su muerte, resucitó y continuó enseñándoles a sus discípulos. Ese es el mejor ejemplo de un líder que rompe los paradigmas permanentemente para adaptarse a las necesidades reales y concretas de los hombres.

Hacia una solución real
Esa capacidad hacía que el ministerio de Jesús fuera una solución y no un problema más sobre la Tierra. Sus discípulos lo comprendieron y, más allá de sus luchas con sus propios paradigmas personales (Por ej: Pedro ante Cornelio y Pablo ante los judíos), llevaron adelante el ministerio que recibieron de Jesucristo. Por eso el mensaje del Evangelio continuó extendiéndose hasta sacudir las estructuras de todo el mundo conocido hacia el Siglo III. Hacia finales del Siglo XX, la Iglesia volvió a quebrar otro viejo paradigma, dando comienzo a la restauración del gobierno apostólico y profético. En nuestros días estamos viendo cómo la Iglesia está permeando profundamente todos los estratos de la sociedad. Una vez más, la gente está acercándose a la Iglesia porque ha vuelto a ver en ella una solución a sus problemas, en lugar de ser una carga más con sus ritos y prácticas religiosas.

[extracto de la introducción de la Matéria]

 

I N D I C E

Introducción

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