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Tenemos por delante la conquista de la buena tierra que hemos de poseer, al culminar un período de sequía y aridez en nuestro paso por el desierto de la improductividad. El padre nos introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, tierra de trigo y de cebada que representan el alimento en abundancia; de vides, higueras y granados que representan el fruto y la alegría de la extensa multiplicación. Tierra de olivos, de aceite de miel que simbolizan la unción plena y total del Espíritu Santo aunados a la dulce gracia de su maravilloso amor. Dios ha determinado que somos benditos, que somos parte de su milagro en todo lo que emprendamos y realicemos en el tiempo de Dios. Seremos saciados con todo el bien de la casa del padre, exteriorizada en unción de gozo y alegría ya que somos herencia bendita, linaje santo. |
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